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Todos hemos oído presumir a políticos de la extensión de nuestros viñedos. También a viticultores, ansiosos recolectar una cosecha excesiva que no cuida la calidad. Y bien, ¿que conseguimos con eso? ¿Nos da prestigio o nos lo quita internacionalmente?

entrada1Debido al círculo vicioso en el que nos hemos metido los viticultores españoles de intentar producir cuanta más cosecha mejor, sin importar la calidad, ya que ésta no se premia por mucho que digan, no nos queda más remedio que mirar al exterior, ya que es y será nuestro principal mercado.

El mercado de consumo español año tras año se reduce, la extensión de viñedo sigue siendo la misma (dando gracias que nuestros rendimientos son mucho más bajos que nuestros principales competidores que son Francia e Italia) y los precios, debido a un exceso de producción cada vez son más bajos.

 

FotoEntrada2España exporta un volumen de litros muy superior al de Francia e Italia, pero a un precio infinitamente más bajo. Es curioso que uno de nuestros principales mercados sea Francia, que compra nuestro vino a granel para embotellarlo como
“Europe Blend”, o eso dicen. Ellos también tienen un exceso de producción constante, pero saben aprovechar nuestra peor situación para solucionarlo.

El caso es que, a día de hoy, hasta que el mercado español no sea maduro, y tenga un consumo interno equiparable a nuestros competidores, se aprecie la calidad del vino y la producción sea estable, sobra la mitad del viñedo español. En los lugares más productivos.

 

FotoEntrada3No sirve de nada producir sin una base estable de ventas a un buen precio. Nos desprestigia internacionalmente y nos tiran por los suelos los precios. No deberíamos haber llegado a la situación de ver vinos embotellados a precio ex – cellar de 0,69€ ni mucho menos, y de eso tenemos la culpa todos. Ahí no gana nadie, solo se desahogan en ese momento las cooperativas en las que el vino le llega hasta el cuello a los socios, pero al mismo tiempo hacen un daño irreparable a la reputación de todos los vinos españoles que luchan por hacerse un hueco en el rango de mercado donde se pueda vender a un precio justo. Una vez pasada esa barrera es muy difícil y quizá un trabajo de generaciones recuperar una reputación perdida.

Para solucionar este problema, no queda otra que limitar la extensión de viñedos en zonas peligrosas hasta que poco a poco el mercado español madure, los productores defiendan su producto y empiecen a creer en que es posible vivir de menos producción a un precio superior. Queda mucho para eso.

 

 

5 comentarios

  1. Es como una brisa de aire fresco en un ambiente sobrecargado oír palabras como las tuyas en boca de un bodeguero. La primera cuestión es que algunos grandes productores deben tener la libertad de ofrecer sus vinos al precio que quieran. Si vemos por el mercado global «vinos españoles embotellados a 0.69 EXW» es bueno primero que sus productores tengan total libertad de poder venderlos así (por eso no comparto la recomendación de que existan limitaciones o restricciones fijadas por la Administración o la política, distintas a las que fije el consejo regulador en defensa de la calidad). La segunda cuestión es que en efecto esta estrategia comercial es a medio plazo ruinosa y sobre todo, es posible mediante la presión brutal sobre el agricultor. La tercera consideración es que la ruina se va extendiendo al resto del sector porque además de ser ruinosa por si misma, degrada la calidad del producto y su competitividad y percepción en el mercado global. ¿Cuál es el camino? Trabajar, trabajar y trabajar para que el consumidor global sepa que aquí hacemos tan excelente vino como en cualquier parte. Pero en efecto, para eso aun queda mucho tiempo.

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